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KIBERA: LA HISTORIA

Los primeros asentamientos de Kibera remontan al año 1912, cuando el gobierno colonial británico instaló a los soldados nubianos (o sudaneses) quienes habían pertenecido a los “Kings African Rifles”, en un territorio que más tarde sería llamado Kibera, que significa “bosque” en lengua nubiana.
El gobierno británico hizo entonces de Kibera una reserva militar y la estableció oficialmente como tierra de residencia para los soldados nubianos y sus familias a partir de 1918. En esta época Kibera era por tanto un lugar arbolado de 4000 hectáreas, que contaba a penas con 600 habitantes.
En 1928 el ejército británico decidió decidió transferir la administración de Kibera al Consejo Municipal. Los derechos de propiedad existentes fueron retirados a los habitantes, solicitándoles la presentación de pruebas según un procedimiento largo y fastidioso, con el fin de probar su origen nubiano.
Los nubianos fueron declarados “Tenants of the Crown” (o Propietarios de la Corona), lo que significaba que el gobierno podía en todo momento acabar con su estatus de propietarios. Toda estructura construida en Kibera corría el riesgo en todo momento de ser destruida en caso de que el estado decidiera construir un proyecto gubernamental en el mismo lugar.
Los problemas de salud en Kibera devinieron tan rápidamente importantes que en 1948 hubo una primera demanda de deslocalización general. A pesar de esto, la ciudad continuaba agrandándose, pasando de 6.000 habitantes en 1965 a 62000 en 1980, después 248.360 en 1992 y finalmente 500.000 en 1998. Con una tasa de crecimiento anual del 17%, el número actual de habitantes variaría en 2006 entre 700.000 y 1.000.000, y esto para una densidad de más de 2000 personas por hectárea. Con una densidad de 3,2 a 4,6 personas por habitación, Kibera está actualmente considerado como el mayor “barrio de chabolas” de África.
Kibera no cesa de crecer, simplemente porque la población rural de los alrededores no deja de migrar hacia las ciudades. Por un lado, debido a la decadencia de la actividad agrícola, y por otro lado, debido a la idea preconcebida que tienen los campesinos de la vida urbana. En efecto, en los campos que bordean la capital keniana, la gente piensa que la emigración hacia Nairobi es la mejor escapatoria a la miseria y la pobreza del mundo agrícola. Desgraciadamente, los alquileres y el estilo de vida de Nairobi a precios astronómicos los trasladan rápidamente a la realidad, obligándoles inevitablemente a venir a instalarse a Kibera.

 
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